Los emoticonos trascienden el mundo digital

El agua de colonia emoji disfruta de un lugar destacado en los lineales de grandes superficies, junto al perfume de la película de animación de Disney Frozen, franquicia millonaria de éxito internacional.

No es un fake, aunque pueda parecerlo. Tampoco es el momento de desvelar ningún spoilerolfativo sobre los emoji. Por el módico precio de 13,99€ puedes disfrutar de la Eau de Toilette de los emoji (The iconic Brand).

Después de las camisetas, tazas, llaveros, banderines y demás mercadotecnia de los emoticonos, no pocos se preguntarán ¿Es necesaria la colonia de los emoji?

La mitología emoji cuenta con ya con una emojipediadía del emoji, una película y hasta su propio traductor. Solo en Facebook se utilizan 60 millones de emoji al día y más de 5.000 millones diarios en su chat Messenger.

Hace tiempo que los emoji se nos han ido de las manos. También se han publicado las Obras de Shakespeare en emoji y la versión animada del tríptico del Bosco ‘El jardín de las emoji Delicias’ 

Apple ha sabido incorporarse a la tendencia. La única novedad destacable de su flamante iPhone X son los ‘Animojis’, que como su propio nombre indica, son unos emoticonos animados que imitan las expresiones faciales de los usuarios de su Smartphone.

Fuente: Apple Images

Los emoji han venido para quedarse, pero no para enriquecer el lenguaje y la comunicación de las redes sociales. Desgraciadamente, para una gran mayoría el objetivo de internet y sus redes sociales es echarse unas risas, sin más. (?, LOL)

El universo de los emoticonos no está pensado para mantener una conversación profunda y madura, más bien todo lo contrario. Aunque se diseñan para comunicar estados de ánimo y emociones, su uso abusivo resta valor y en la mayoría de las ocasiones solo sirven para simplificar y caricaturizar, haciendo más superficiales los contenidos.

Internet ha incrementado la variedad de temas y puntos de vista gracias a los blogs y las omnipresentes redes sociales, sin embargo, esta diversidad solo parece conducir a una creciente infoxicación que no se traduce demasiado a menudo en contenido original (Blue Ocean), que brilla por su ausencia.

La emisión de noticias ha tenido un efecto desfavorable en la difusión de la prensa escrita tradicional por el bajón de audiencia y anuncios clasificados.

La sangría de la prensa escrita no se compensa, ni de lejos, con las nuevas líneas de negocio de las publicaciones online. Con la consiguiente precariedad del sector, que en busca de ingresos, se ha visto forzado en muchos casos a bajar los niveles de calidad editorial para llegar a un público más amplio. Recurriendo a titulares más cercanos a la prensa rosa o de tonalidades más amarillentas. Además del más vergonzoso ‘clickbaiting’ de buen número de medios de supuesto prestigio.

Percepción y conducta en la era digital

Por otro lado, los efectos de Internet y la tecnología en la percepción y la conducta son cuestiones bastante controvertidas, sobre las que científicos y divulgadores no terminan de ponerse de acuerdo.

El autor Clive Thompson afirma que los debates participativos de las plataformas de Internet nos mantienen mejor informados y nos abren la mente, haciéndonos más creativos e inteligentes. Thompson recomienda el uso de videojuegos para mejorar las habilidades mentales, la concentración y para agudizar la mente. Llega, incluso, a prescribir los juegos digitales para el tratamiento de determinadas enfermedades y combatir el deterioro mental.

La ciber antropóloga Amber Case sostiene que la tecnología nos está desconectando y esclavizando, porque dejamos en sus manos capacidades importantísimas como la comunicación, memorizar, recordar, e incluso empatizar. También la neurocientífica Sherry Turkle describe en sus textos la deshumanización progresiva que causa Internet, donde estamos “Juntos, pero solos” y titula su último libro “En defensa de la conversación: el poder de la conversación en la era digital”. Mark Bauerlein en su libro “The Dumbest Generation” explica cómo la digitalización hace estúpidos a los jóvenes, amenazando el futuro.

Disneyficación consumista

La disneyficación implica homogeneización social y cultural consecuente con su consumismo. Este proceso de globalización occidental despoja lugares y eventos de su carácter original para representarlos en un formato desinfectado y edulcorado que hace el tema más agradable y fácil de entender.

En el caso de los lugares como Disneyland® esto significa reemplazar lo real con un revestimiento fantástico e idealizado para turistas. Todos somos turistas del mundo real.

La disneyficación hiperreal no es un nuevo concepto, esta infantilización cultural fue revelada hace tiempo por varios pensadores entre los que destaca Jean Baudrillard:

“Toda la filosofía de Walt Disney come de tu mano con esas hermosas criaturas sensibleras con abrigos de piel gris. Por mi parte, creo que detrás de esos ojos sonrientes hay una bestia fría y feroz que nos acecha” – Jean Baudrillard

El director norteamericano Oliver Stone denuncia abiertamente la falsa realidad del mundo de fantasía – ¿Recordáis el mágico mundo de colores? – En el que los medios de comunicación de masas nos mantienen sometidos.

También el documentalista de la BBC Adam Curtis describe en Hypernormalisation cómo gobiernos, financieros y utópicos tecnológicos renuncian al “mundo real” para fabricar un auténtico “fake world”, dirigido por corporaciones y corroborado convenientemente por políticos.

Apocalípticos e integrados

Para los más críticos, Internet ha venido a expandir aún más la pseudo cultura industrial tóxica, disneyficada y consumista. Generadora de filtros burbuja que forman una especie de prisión abierta, un totalitarismo soft. Los más apocalípticos, según la legendaria obra de Umberto Eco Apocalípticos e integrados, se atreven a vaticinar que la degradación de esta sociedad del espectáculo solo puede llevar hacia la lobotomía global.

Por último, Umberto Eco, el barbudo semiótico transalpino, después de décadas de estudio sobre los medios de comunicación y la cultura de masas resuelve:

“Las redes sociales le dan el derecho de hablar a legiones de idiotas que antes hablaban solo en el bar después de un vaso de vino.” – Umberto Eco